La caída de Sebastián Amerio revela una disputa más profunda: quién controla la relación del Gobierno con Comodoro Py y el futuro de la Justicia.
El Ministerio de Justicia volvió a convertirse en el escenario más nítido de las internas de poder dentro del gobierno de Javier Milei. La salida de Mariano Cúneo Libarona estaba, en rigor, anunciada. El propio ministro había dejado trascender desde hace meses que no pretendía permanecer en el cargo más allá de la etapa inicial de la gestión libertaria y que su intención era regresar a su actividad profesional. En ese punto no hubo sorpresas: su alejamiento ya formaba parte del paisaje palaciego. La verdadera novedad —la noticia que alteró el equilibrio interno— fue la caída de Sebastián Amerio, el número dos de la cartera y un funcionario identificado con el asesor presidencial Santiago Caputo. Aunque en la Casa Rosada dejan trascender que podría encontrar algún “destino alternativo” dentro del Estado en las próximas semanas, lo cierto es que su desplazamiento fue interpretado como un revés político para el estratega libertario. Amerio era considerado la terminal directa de Caputo dentro del Ministerio de Justicia. En el ecosistema de poder libertario incluso circulaba con insistencia la idea de que el asesor ejercía una suerte de conducción informal sobre la cartera. La versión llegó a instalarse tanto que el propio Cúneo Libarona terminó refiriéndose a ella públicamente. En una entrevista radial con Romina Manguel, el ex ministro admitió haber escuchado esos comentarios y dejó entrever su molestia: según sostuvo, los avances y logros de la gestión eran responsabilidad de su equipo y no de un supuesto “ministro en las sombras”.
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